¿QUÉ ES EL PECADO?

Antes de que podamos definir y explicar qué es el pecado y las terribles consecuencias que éste tiene para con nosotros, pasaremos primeramente a explicar y definir qué son los estándares.

Un estándar es un patrón de referencia, que sirve como tipo, modelo o norma. Dentro de los parámetros o estándares físicos tomaremos como ejemplo el de longitud. El ser humano para definir si algo es grande o pequeño, toma como referencia su propia estatura promedio y también el tamaño promedio del objeto en cuestión. Si vemos que algo nos dobla en tamaño podemos decir que es grande o cuando algo puede caber en la palma de nuestras manos, decimos que es pequeño.

Si nos limitamos a nuestro espacio estas comparaciones serían ciertamente correctas, pero si nos adentramos al fascinante mundo de la microbiología, con asombro veríamos que existen seres vivientes que no son perceptibles a nuestra vista pero que están ahí y que son tan complejos como nosotros; y si seguimos adentrándonos al mundo del átomo y las partículas sub-atómicas, se haría muy difícil poder entender lo deminutas que són, pero que sin embargo  el universo está hecho de estas partículas son los ladrillos fundamentales de todas las cosas existentes. Ahora, si lanzamos nuestra mirada al cielo y comparamos el tamaño de los planetas, el sol, las estrellas, el sistema solar, las galaxias, del universo mismo… quedaríamos atónitos al comprender su enormidad y que nuestro planeta sería simplemente un grano de arena en las playas del universo, y ¿Cuánto más nosotros? Ahora la gran pregunta para hacernos si tomamos en cuenta lo diminuto del mundo sub-atómico y la inmensidad del espacio ¿Qué es grande y qué es pequeño? Ciertamente no podríamos decirlo y solamente nos limitaríamos a nuestro pequeño espacio para dar una respuesta adecuada.

Con respecto al pecado, suele suceder lo mismo, el ser humano  toma como referencia o estándar a él mismo para definir qué es malo y qué es bueno. Se dice a sí mismo: “soy un hombre bueno y justo, no he matado a nadie ni tampoco he robado como otros, ayudo a los que puedo, soy feliz y dejo ser feliz a los demás”, con estas palabras justifica su conciencia para decir que él no es pecador ni que necesita un salvador. Pero veamos cual es el Estándar de Dios (que no está basado en el hombre) para definir qué es bueno y qué es malo.

El Estándar de Dios para la vida del hombre

Éxodo 20: 1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.7 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.8 Acuérdate del día de reposo[a] para santificarlo.9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;10 más el séptimo día es reposo[b] para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.13 No matarás.14 No cometerás adulterio.15 No hurtarás.16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Si pusiéramos nuestra mano en el pecho y habláramos con sinceridad, reconoceríamos que hemos sido transgresores desde el día que nacimos por rebelarnos en contra de la ley de Dios, por hacer todo aquello que se nos ordena no hacer  y de no hacer todo aquello que se nos ordena hacer.Cada uno de nosotros si examináramos nuestras vidas a fondo reconoceríamosque siempre pusimos dioses falsos antes que el Dios verdadero, quecreímos, adoramos y veneramos ídolos de piedra y de madera, y en muchos de nosotros esa idolatría fue más disimulada, puesto que pusimos el dinero-trabajo-etc., antes que a Dios, ¡Sí! Cada uno de nosotros tendría que reconocer que siempre pusimos a algo o alguien antes que a Dios y de esta manera podemos afirmar sin ninguna duda que hemos  sido idólatras; y cuantos de nosotros no utilizamos el Santo nombre de Dios mientras hablábamos inmundicias y pestes; tampoconadie se salvaría de decir que siempre santificó su día o de decir que siempre honró a sus padres puesto que los deshonramos y desobedecimos hasta el cansancio; puede que haya alguien leyendo este artículo que también haya quitado la vida a su semejante por odio, venganza o robarle algo, y cuantos de nosotros no fuimos asesinos en nuestro corazón, como dice el apóstol Juan “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1Juan 3:15) ¿Y quién no ha aborrecido alguna vez a su hermano o alguna persona? Pues esto también hace de ti un homicida. Cuanto mal hace a su familia y pareja aquel que adultera todo por unos minutos egoístas de placer, y aquel que diga que se encuentra limpio del pecado de adulterio cuantas veces no habrá adulterado en su corazón, como lo expresa nuestro Señor “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28); cuantas veces no hemos robado no solamente dinero, cosas o el más mínimo centavo sino también el tiempo en el trabajo o nuestras obligaciones; cuantas mentiras no hemos dicho a lo largo de nuestras vidas y cuantas veces nuestro corazón no codició las pertenencias de nuestro prójimo… ¡Cientos y miles de veces seríamos culpables por cada mandamiento que hemos transgredido!

¿Dónde está ahora tu excusa? ¿Cuál es tu defensa sino reconocer que eres culpable delante de Dios? Puesto que no sólo pecaste sino que te gozaste y jactaste en el pecado, y peor aún, sino que enseñaste a otros a pecar y transgredir igual o peor que tú.

Puede que alguien diga o consulte: “¿Pero qué tan grave es el pecado? Es cierto, mentí algunas veces, desobedecí a mis padres e hice otras cosas que sé que están mal, bueno, no hay nadie perfecto, ¿Qué puede pasarme al respecto?”.

Consecuencias del pecado

En el Antiguo Testamento la palabra pecado se entendía como una “Falta, iniquidad, injusticia, rebelión” ante Dios y Su Palabra. Pero en el Nuevo Testamento la palabra pecado toma un significado mucho más profundo, el de “DEUDA”. El apóstol Pablo lo explica de la siguiente manera:

porque la paga del pecado es muerte…” Romanos 6:23

Y encontramos que en Apocalipsis 21:8 siguiente:

Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

Es decir, la consecuencia del pecado es la muerte eterna, la condenación de tu alma. Aquel pecado que tanto atesoras o atesorabas, es tu crimen y por el cual algún día Dios te pedirá cuentas. Así como un juez condena a un asesino a la muerte por su crimen, de la misma manera tú serás condenado por tu pecado e incredulidad. No hay buena obra que te pueda salvar, ni justicia propia que te vaya a justificar delante de Dios. Debes reconocer que no eres víctima, sino culpable delante de Dios, y Él que es el Juez justo, ten por seguro que aquel día del juicio dictará una justa sentencia, y así como un criminal no puede excusarse delante de un juez humano por su crimen diciendo que él fue bueno en otras áreas de su vida y que por favor le perdonen su crimen, de la misma manera tú no podrás justificarte delante de Dios por tus obras, Él hará la justo y dictará su sentencia, y si tus pecados no han sido limpiados en la sangre de Cristo, si tú no has puesto tu fe y confianza en aquel que murió en la cruz del calvario, entonces la sentencia será: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”(Mateo 25:41) y tú no podrás hacer nada más que pasar tormentos y una eternidad sin Él.

¿Qué debo hacer para salvarme del juicio que ha de venir?

El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado;arrepentíos, y creed en el evangelio”. Marcos 1:15

si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”. Lucas 13:5

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”. Hechos 3:19

Arrepentirse de los pecados no significa simplemente pedir disculpas y luego seguir en lo mismo. Arrepentirse significa darse cuenta que eres pecador y que deseas verte libre del pecado, no solamente arrepentirme hoy día, sino hacerlo en el transcurso de la vida y apartarse del mal. Y creer en el evangelio, es decir, creer en esta buena nueva (buena noticia) de que Jesús llevó el castigo y la condenación que tú merecías para así justificarte delante de Dios. Justificarte significa que a pesar de que mereces el castigo eterno, Dios te declara inocente puesto que confiaste en Jesús y lo has puesto como tu salvador. 

¡Mira a Jesús! ¡El murió para librarte del pecado y la condenación eterna! Estarás a salvo y seguro en él; y aun en las aflicciones y pruebas que hayan de venir el nunca jamás te soltará; como dice su Palabra:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Juan 10:27-28. A Él sea toda la gloria. ¡Amen!.

  


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